domingo, 11 de octubre de 2009

Oremos

En este domingo victorioso, la Carta de Walter a los benjamines de Roma:


FRAGMENTO TEOLÓGICO-POLÍTICO[1]

Sólo el Mesías consuma [vollenden] todo acontecer histórico y, en este sentido, libera [erlösen] su remisión a lo mesiánico, la consuma, la crea. Por eso, nada histórico puede querer remitir por sí mismo a lo mesiánico. Por eso, el Reino de Dios no es el télos de la dýnamis histórica; no puede ser puesto como una meta [Ziel]. Visto históricamente, no es una meta, sino un fin [Ende]. Por eso, el orden de lo profano no puede ser constituido en el pensamiento del Reino de Dios. Y, por eso, la teocracia no tiene un sentido político, sino sólo uno religioso. Haber negado con tanta intensidad el sentido político de la teocracia es el mayor mérito del Espíritu de la Utopía de Bloch.

El orden de lo profano debe erigirse sobre la idea de la felicidad. La remisión de este orden a lo mesiánico es una de las enseñanzas esenciales de la filosofía de la historia. Y ella produce una concepción mística de la historia, cuyo problema puede explicarse en una imagen. Si el extremo de una flecha apunta a la meta en la cual se destaca la dýnamis de lo profano y el otro extremo apunta hacia la intensidad mesiánica, la búsqueda de la felicidad por parte de la humanidad libre intenta escapar de esa dirección mesiánica. Pero, así como una fuerza tiene la virtud de atraer por su trayecto a otra fuerza que va en dirección contraria, el orden profano también promueve la venida del Reino mesiánico. Lo profano no es, entonces, una categoría de ese Reino, pero sí una categoría, la más acertada, de su aproximación más discreta. Pues en la felicidad todo lo terrenal aspira a su ocaso, y sólo en la felicidad le está destinado hallar el ocaso –mientras la inmediata intensidad mesiánica del corazón, del interior del individuo humano, pase por la infelicidad, en el sentido del sufrimiento–. Con la restitutio in integrum espiritual[2], que introduce en la inmortalidad, se corresponde una mundana que conduce a la eternidad de un ocaso. Y el ritmo de lo mundano que discurre [vergehend] eternamente, de lo mundano que discurre en su totalidad, en su totalidad espacial pero también temporal, el ritmo de la naturaleza mesiánica, es la felicidad. Pues mesiánica es la naturaleza de su eterno y total acontecimiento discurrido [Vergängnis].

Aspirar a este acontecimiento discurrido, incluso, para aquellas fases del hombre que son naturaleza, es la tarea de la política mundial, cuyo método ha de llamarse nihilismo.




[1] Benjamin, Walter, Theologiches-politisches Fragment, en: Gesammelte Schriften, edición al cuidado de R. Tiedemann/H. Schweppenhäuser, Frankfurt/M., Suhrkamp, 1991, tomo II, 1, pp. 203-204. A diferencia de Adorno que lo fechaba en 1938, los editores sostienen que fue escrito entre 1920/21. El título fue puesto por el mismo Adorno.

[2] El término geistlich, aquí traducido por “espiritual”, debe distinguirse de geistig. Mientras el primero remite a lo religioso en oposición a lo profano, el segundo lo hace en oposición a lo material.

Walter Benjamin, Estética y Política, Editorial Las cuarenta.

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