viernes, 13 de julio de 2012

A la carta


A la carta

Hola, cómo estás.
El error me saludó
como no se saludan
los desconocidos.

Hola, cómo estás.
A vos no te conozco,
como no se conocen
a los actos extraños.

El error sonrió
como sonríe un policía.
Nunca fue la sensación.
Nunca nos conocimos.

Me conocía, me dijo.
No, no, le dije.
Y vos quién sos.
Un gran error.

Un error se sentó
en la esquina del café.
Llega un hombre
y le pregunta quién soy.

La tarde es una confusión.
La tarde es una confusión.
La confusión es un error.
El hombre es un error.

Delante del error
se sienta una pregunta
que sonríe como un turista.

La pregunta le dice a la sonrisa
si conoce al turista
que cuida al policía.

Las medialunas y el poder
se enlistan en la carta.
Los errores y las preguntas
se aprecian en la carta.

El café viene con tres medialunas:
ansiedad
elección
bomba.

La elección se sienta
también delante de nosotros.
Cuándo empezamos
con esta guerra de nuncas.

El error pide un té
con limón.
Yo insisto con
las medialunas.

Una foto de los tres
nos pide un turista
con sonrisa de policía.

Pregunta un policía de verdad
que qué hacemos.
La pregunta, el error, vos,
yo, el nunca, y la confusión.

Los pasaportes de todos
están vencidos.
El error se disfraza de superhéroe
y la esquina es un aeropuerto.

La tarde se va.
El error se va.
La amiga se va.
El hombre se va.
Se van como sonrisas
mucho
más que sonrisas.
El cortado llega frío
como las hazañas militantes
que reviven la figuración del desastre.

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